Pampa Michí, es una comunidad nativa que se encuentra tan solo a 18 km, partiendo desde la merced, en donde lo peculiar de su nombre lo deben a uno de sus antepasados, quien al ver que las demás comunidades, en ese entonces, elegían el nombre de un colonizador de esa zona, para su aldea, el decide por el señor Michael, Wayle y Silva, pero al no saber pronunciar bien, en lugar de decir Michael pronuncia Michí y de ahí queda con ese nombre. Es la única comunidad que se encuentra aún dentro de la geografía de chanchamayo, y a la vez, la que más tradición y raíces mantiene en comparación a las otras aldeas. 
Inclinándonos por el lado izquierdo de la carretera, viniendo desde la merced, vamos en descenso, para poder ingresar a un mundo muy distinto al de la ciudad, donde las hojas de plátano y las chozas del mismo material nos abren paso a un nuevo estilo de vida.
A cada cercanía con el centro de la aldea podemos apreciar que un grupo de los pobladores se acercan a cada uno de los visitantes diciéndoles diciéndoles aviro que en su lengua natal significa hola, mientras ellos nos vas deslizando hacia una de sus aldeas nos van traduciendo cada una de las palabras de bienvenida que nos dicen y a la vez nos van regalando cordialidad a cada paso. Una vez que nos encontramos situados en su aldea ellos de forma afectuosa se nos acercan con túnicas o cushmas, que son las vestimentas que los caracterizan, y a la vez te colocan collares, vinchas, e inclusive hacen marcas en el rostro con corteza de achote pudiendo hacer diferentes diseños como líneas en el rostro, algo que para ellos significa la cantidad de parejas que puedas tener.
Una vez que ya nos encontramos listos y nos sentimos mas asha´s que nunca, nos conducen al centro de su recinto principal, en donde, según la jerarquía una de las autoridades nos da la bienvenida. El nos indica que como es la forma de vida de cada uno de ellos, desde su educación que va en generaciones hasta sus estilos de curaciones, nos hacen no solo conocedores de su vida diaria sino también nos hacen participes de las mismas, pues ellos nos poden a danzar al ritmo de sus tambores y maracas que ellos mismo las elaboran, pues cada visitante llevara consigo la sensación de compartir con ellos su estilo de vida en cada uno de sus aspectos.
Inclinándonos por el lado izquierdo de la carretera, viniendo desde la merced, vamos en descenso, para poder ingresar a un mundo muy distinto al de la ciudad, donde las hojas de plátano y las chozas del mismo material nos abren paso a un nuevo estilo de vida.
A cada cercanía con el centro de la aldea podemos apreciar que un grupo de los pobladores se acercan a cada uno de los visitantes diciéndoles diciéndoles aviro que en su lengua natal significa hola, mientras ellos nos vas deslizando hacia una de sus aldeas nos van traduciendo cada una de las palabras de bienvenida que nos dicen y a la vez nos van regalando cordialidad a cada paso. Una vez que nos encontramos situados en su aldea ellos de forma afectuosa se nos acercan con túnicas o cushmas, que son las vestimentas que los caracterizan, y a la vez te colocan collares, vinchas, e inclusive hacen marcas en el rostro con corteza de achote pudiendo hacer diferentes diseños como líneas en el rostro, algo que para ellos significa la cantidad de parejas que puedas tener.
Una vez que ya nos encontramos listos y nos sentimos mas asha´s que nunca, nos conducen al centro de su recinto principal, en donde, según la jerarquía una de las autoridades nos da la bienvenida. El nos indica que como es la forma de vida de cada uno de ellos, desde su educación que va en generaciones hasta sus estilos de curaciones, nos hacen no solo conocedores de su vida diaria sino también nos hacen participes de las mismas, pues ellos nos poden a danzar al ritmo de sus tambores y maracas que ellos mismo las elaboran, pues cada visitante llevara consigo la sensación de compartir con ellos su estilo de vida en cada uno de sus aspectos.

